Contaminantes en el agua
Si bien la ciudad de Monterrey se ha distinguido por tener una muy buena infraestructura para el tratamiento del agua municipal, y entre la comunidad se conoce que su agua potable es sana, suelen presentarse factores externos que afectan la calidad de la misma y por los cuales muchos ciudadanos prefieren no confiar en la inocuidad del agua que sale del grifo de sus hogares.
En México, a lo largo del país, un gran número de usuarios cada vez mas recurre a métodos intra-domiciliarios para subsanar deficiencias de la calidad del agua suministrada a nivel municipal.
Una de las listas más completas de los contaminantes que pueden estar presentes en el agua potable, la tiene publicada la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la EPA. En dicha lista se mencionan también los posibles riesgos a la salud, las fuentes de contaminación de donde provienen, y el límite permitido del contaminante en el agua para este país.
No obstante a continuación enlistamos los contaminantes más comunes o de mayor atención:
Plomo
El plomo es un elemento muy peligroso para la salud humana, es bien conocido que causa problemas en los riñones y en el sistema nervisoso. En México, la contaminación con plomo en los bebederos de las escuelas ha documentado tener un efecto negativo en el desarrollo del aprendizaje de los niños. En ciudades muy industrializadas, se encuentran grandes cantidades de plomo descargado en la red de agua. En la franja fronteriza mexicana se han documentado numerosos casos de fetos sin cerebro en madres con alto nivel de plomo en la sangre, por la polución de las fábricas maquiladoras. También se conoce que la corrosión en la tubería del hogar puede ser una fuente menor de plomo en el agua.
Cloro
El cloro se encuentra en concentraciones no tóxicas en muchos productos domésticos, incluyendo el agua de las piscinas o los limpiadores y blanqueadores suaves. Sin embargo, la ingestión o inhalación de cloro puede causar daños graves a los pulmones y otros órganos. De hecho, se ha utilizado el gas cloro y sustancias relacionadas con éste como armas químicas.
El uso experimental del cloro empezó en la década de 1890 para combatir enfermedades transmitidas a través del agua como el cólera y la tifoidea. El uso del cloro ganó una gran popularidad por su bajo costo y su alta eficiencia en eliminar todos los microorganismos presentes en el agua.
Por otro lado, el cloro reacciona con materias orgánicas que pueden presentarse en el agua, y crear una familia de compuestos llamados Trihalometanos, que en altas dosis y a largo plazo se manifiestan como depresores del sistema nervioso central y afectan las funciones del hígado y los riñones. Ya se han hecho estudios que los vinculan con el cáncer de colon y vejiga.
La respiración de pequeñas cantidades de cloro durante cortos periodos de tiempo afecta negativamente al sistema respiratorio humano. El cloro entra en el cuerpo al ser respirado al bañarse con agua municipalmente clorada o al ser consumido por comida o agua contaminadas con cloro. Los efectos del cloro en la salud humana dependen de la cantidad de cloro presente, y del tiempo y la frecuencia de exposición.
Microorganismos
Teóricamente, agua tratada por cloro ó cloramina, como es el caso de la mayoría de las fuentes municipales, está libre de bacteria. Sin embargo, hay un pequeño grupo de microorganismos, categorizados como quistes; este grupo incluye gusanos microscópicos, parásitos, y protozoos. Los más peligrosos son los conocidos como la giardia y el criptosporidio, que causan diarrea, deshidratación, desórdenes intestinales y hasta la muerte en algunas personas con sistemas inmunológicos deficientes.
La giardia tiene un tamaño de siete a catorce micrones, y el criptosporidio de tres a cinco micrones. Cuando el ambiente donde se encuentra esta bacteria se vuelve inhabitable (por ejemplo, en la ausencia de agua ó en la presencia de cloro en el agua), ambos parásitos pueden adoptar la forma de quistes, de manera que se transforman en un huevo duro y redondo, de membrana impermeable. En este estado, el cloro no afecta a estos parásitos, y por lo tanto son muy difíciles de matar.
Por otro lado, bebiendo agua de una fuente natural, como un manantial o un pozo, corremos el riesgo de estar vulnerables a la contaminación por bacteria. Hasta en las fuentes más puras no se puede prevenir una ocasional contaminación de plantas ó animales, ó contaminación en áreas vecinas. Nuevamente, todas las tuberías (las que se usan en el transporte de la fuente natural hasta el recipiente) representan un medio propicio para el crecimiento de bacteria.
Arsénico
Un estudio realizado por la CONAGUA en el 2006 reveló que más de 2 millones de habitantes en los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango, Hidalgo, Nuevo León y Puebla, se encuentran expuestos a beber agua con niveles de arsénico que ponen en riesgo su salud. Algunos de los efectos de ese elemento en el organismo humano son alteraciones de la piel, efectos secundarios en el sistema nervioso, irritación de órganos de los sistemas respiratorio y gastrointestinal; y acumulación en huesos y músculos y, en menor grado, hígado y riñones.